Monday, September 08, 2008

LA MUERTE ES UN FIASCO

LA MUERTE ES UN FIASCO



por Horacio Velmont



Probablemente nada como el tema de la muerte ha sido objeto de tantas explicaciones vanas, no justificándose en absoluto que de algo tan sencillo se haya hecho algo tan complicado, especialmente porque hablar de la muerte es hablar de algo que no existe.

Nuestra verdadera morada es el mundo espiritual, que es casi eterno porque durará todo el tiempo que falta para el Big Crunch, alrededor de 25.000 millones de años, momento en el que, obviamente estoy simplificando el proceso, nos fundiremos con el Creador.

Mientras llega ese momento el espíritu se “entretiene”, digámoslo así, entre otras cosas, encarnando, y como el espíritu es libre al respecto puede hacerlo cuantas veces lo desee y en los mundos y organismos que le venga en gana, incluso anfibios.

Parafraseando la famosa frase “la siembra es libre pero la cosecha obligatoria”, podríamos decir que el espíritu es libre para encarnar pero está obligado a desencarnar, es decir, no se puede quedar por siempre en el plano físico.

En este sentido el plano físico es bastante astuto, porque si bien puede en algún momento de la vida agradarnos tanto que quisiéramos quedarnos a vivir en él por siempre, al momento siguiente nos empieza a dar tantos palos que al final terminamos pidiendo al cielo que todo concluya.

Y si por algún milagro no nos da palos, con la vejez ya es suficiente, desde donde maldecimos por lo bajo porque justo ahora que tenemos tanta experiencia como para aprovechar al máximo las delicias de la vida, justamente los achaques nos lo impiden.

Una de las reglas de la encarnación es que perdemos la memoria reencarnativa, lo que significa que no tenemos ninguna certeza de quiénes somos, qué hacemos aquí, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Desde ya que sabemos aquello tan remanido de “conócete a ti mismo y la verdad te hará libre”, pero la pregunta es dónde encontraremos esa respuesta tan trascendente, si cada filosofía, cada religión, cada ciencia, nos da una versión diferente.

Pero como no hemos nacido para ser siempre ignorantes, algo que no tendría sentido, la respuesta, si bien tardó en aparecer, vino con L. Ronald Hubbard y su libro “Dianética, la ciencia moderna de la salud mental”, donde daba cuenta de que, al contrario de lo que sostenía la Psiquiatría, el hombre no era solamente materia, sino también espíritu. El espíritu era el que animaba la materia y también el que pensaba.

Más tarde, el propio Hubbard postuló la existencia de un mundo espiritual, al que llamó “Universo Theta”.

Asimismo, aunque tímidamente, enseñó que el espíritu no encarnaba en su totalidad sino en un pequeño porcentaje, poniendo como ejemplo el dedo pulgar y una espina clavada en él.

Esta explicación, sin embargo, pasó desapercibida para los propios cienciólogos, que aún siguen creyendo que el espíritu encarna en su totalidad.

Después, claro está, vinimos los seguidores de Ron Hubbard a continuar su obra en una vuelta más alta de la espiral, recogiendo su encarecido pedido de construir un Puente mejor.

Lo primero que hemos hecho –por supuesto de acuerdo con las enseñanzas de los Maestros de Luz canalizados por el profesor Jorge Olguín, antes Juan Zebedeo (Juan el Evangelista) y más antes Ananda, primo y discípulo de Siddartha– es ratificar, por un lado, la enseñanza de Ron Hubbard en el sentido de que el espíritu no encarna en su totalidad, y por el otro aclarar el porcentaje de espíritu que encarna: 10 %.

Esto significa que durante la encarnación el 90 % de espíritu queda en su plano de origen.

¿Cómo denominar al 10 % y al 90 % para que quede clara la idea? Pues así: Yo Superior, Alma o Thetán, indistintamente, al 90 %, y Yo Inferior, Yo Terrenal o Yo Personal, también indistintamente, al 10 %.

En concreto, entonces, el hombre no tiene un alma: es esa alma. Dicho de otra manera, el hombre no tiene un alma, sino que el alma tiene un hombre.

En definitiva tenía razón Pierre Teilhard de Chardin cuando decía:

"No eres una criatura humana en una aventura espiritual, sino una criatura espiritual en una aventura humana...".

Uno de los ejemplos que han dado los Maestros de Luz para dar una idea de la encarnación y la desencarnación es el de una varilla pasada a través del ojo de la cerradura, quedando un 10 % de un lado y el 90 % del otro.

Desencarnar, por lo tanto, sería algo así como retirar la varilla del ojo de la cerradura.

Si bien el ejemplo es muy elemental, brinda muy bien la idea de que siempre se trata del mismo espíritu, aunque momentáneamente se encuentren en lugares distintos.

Sentado, entonces, que esencialmente había dos mundos, uno físico y otro espiritual, quedaba aclarar que la forma de comunicarlos era a través de la mediumnidad.

Ron recibió sus conocimientos a través de la mediumnidad, pero sin embargo se mostró renuente hacia ella, y su postura era lógica, porque si la hubiera propiciado hoy Cienciología sería una mezcolanza de ideas y técnicas.

Una cosa es que la mediumnidad sea la facultad que permite que los seres de ambos mundos se comuniquen, y otra muy distinta es que cualquier médium tenga la capacidad para hacerlo con la suficiente precisión como para que lo transmitido sea entendible.

En la actualidad, lamentablemente, los médium, en el mejor de los casos, traducirán los conceptos espirituales con un 20 ó 30 % de fidelidad, lo que deja un margen de un 70 % u 80 % de posibilidad de error.

En el caso del profesor Jorge Olguín, afortunadamente, su mediumnidad alcanza a casi el 100 %, lo que lo hace apto para traducir con exactitud las enseñanzas de los Maestros de Luz.

Recordemos que en su encarnación anterior, como Juan el Evangelista, su mediumnidad ya tenía un 80 % de precisión, no debiéndose computar los delirios vertidos en el Apocalipsis porque Juan en esa época tenía el decodificador inestable a causa de las torturas que había sufrido.

La negación de la existencia del mundo espiritual y de la misma mediumnidad se ha debido nada más que a los errores –o disparates– de esos médium, cuyos engramas, sus egos y sus ideas preconcebidas tergiversaron los mensajes espirituales. Incluso en muchos casos directamente los inventaron.

¿Cuáles son, entonces, las enseñanzas de los Maestros de Luz respecto a la mal llamada muerte?

En primer lugar, que somos esencialmente espíritu y no materia, y que nuestro verdadero hogar es el mundo espiritual y no el mundo físico, que es transitorio.

En segundo lugar, que en el mundo espiritual no existen roles, es decir, ni madre, ni padre, ni hijos, ni hermanos, ni tíos: solo existen espíritus.

Tampoco existen hombres o mujeres, ni sexo, ni ancianos, ni adultos, ni niños, ni razas, ni terrestres o extraterrestres, porque todo esto pertenece únicamente al plano físico. Y menos aun existe la categoría de personas supuestamente probas que la Iglesia Católica denomina “santos”.

Se podría comprender mejor la idea si imaginamos el mundo físico como el escenario de un teatro, y el mundo espiritual como el ámbito fuera de dicho escenario.

Los actores teatrales, mientras están en el escenario, interpretan un rol, un personaje, un papel, por ejemplo un padre o una madre o un hermano o un hijo, pero cuando baja el telón dejan ese personaje “colgado” del ropero del teatro y se van para su casa.

Con los espíritus sucede algo parecido, pues al encarnar simplemente asumen un rol, y entonces serán hijos y más tarde padres y más tarde aun abuelos, bisabuelos o quizás tatarabuelos. Y también serán hermanos, tíos, sobrinos, etc.

Pero todos esos roles o personajes pertenecen al plano físico, ya que al desencarnar los dejan aquí, para decirlo de alguna manera, de la misma forma que el actor dejó el rol que desempeñaba en esa obra en el ropero del teatro donde actuaba.

De lo expuesto es fácil deducir que si bien la mediumnidad es vehículo de comunicación entre ambos mundos, eso no significa que podamos comunicarnos con nuestros padres, o hijos o hermanos que hayan fallecido, sino únicamente con los espíritus-actores que han asumido esos roles en la encarnación.

Un espíritu, durante su existencia, encarna muchas veces y asume muchos roles, pero no se puede decir que es la suma de esos roles, de la misma forma que no se puede decir que un actor sea la suma de todos los personajes que ha interpretado en su carrera. Un espíritu, de la misma forma que un actor, es independiente de todos los personajes que ha interpretado.

Esto significa –y reiterando el ejemplo que siempre hemos dado– que no podemos comunicarnos con James Bond, sino con el actor Sean Connery que lo interpretó, quien precisamente no tiene nada que ver con el famoso espía, que es solo un personaje de ficción.

Por lo tanto, aquellos médium que dicen comunicarse con algún familiar del consultante, no solamente engañan, sino que también ellos mismos son los engañados.

En el mundo espiritual, de la misma forma que en el plano físico, también se cuecen habas, y los espíritus del Error, sea por burla o directamente por perversidad, se complacen en engañar a los médium, y a quienes creen en ellos, haciéndose pasar por familiares fallecidos.

Otra cosa que resulta importante aclarar es que en el plano físico dos personas pueden ser afines, digamos dos hermanos, pero sus espíritus pueden no serlo. Entonces, no es bueno apegarse demasiado a los roles, porque al desencarnar puede uno llevarse una sorpresa, más allá, por supuesto, del hecho de que no se va a encontrar con ese rol que tanto amó en vida.

Una de las reglas de la encarnación, como ya señalamos, es que el 10 % de espíritu no recuerda quién es en realidad ni menos aún sus vidas anteriores.

Este hecho, que parecería algo negativo, resulta a la postre positivo porque el encarnado vive la vida como si fuera la única, es decir, aislada de las vidas anteriores.

Como el espíritu encarna, además de en misión, para aprender las lecciones que tiene pendientes, muchas veces decide nacer entre quienes fueron sus enemigos del pasado.

No quisiéramos ser truculentos en dar ejemplos sobre las situaciones que se pueden presentar, pero ya uno se puede imaginar lo que sucedería si el padre o la madre o ambos supieran que ese bebé tan precioso que acaba de nacer fue alguien que en una vida pasada los tuvo a maltraer, si se entiende lo que quiero decir.

Es imposible, para un ser encarnado común, e incluso para alguien elevado, confrontar una situación así.

Y la vida está repleta de familiares que han sido entre sí verdugos y víctimas, violadores y violadas, y como si fuera poco, puede resultar que nuestra dulce esposa o esposo fuera nuestro hijo o nuestra madre en el pasado.

Saber algo así difícilmente podría ser confrontado, incluso sabiendo que fueron simplemente roles.

El tema de la muerte es muy extenso, pero en honor a la brevedad lo concluyo aquí porque la idea era nada más que aclarar, y valga la paradoja, que la muerte no mata a nadie, e incluso nos deja más vivos que antes.

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